domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Azar o necesidad? ¡Teleonomía!

La obra de Monod (ver entrada anterior) ahonda en una de las principales -no la única- implicaciones filosóficas del darwinismo: ¿estamos aquí por azar, o nuestra existencia responde a un propósito? La cuestión es antigua, y ha recibido varios nombres y matices: ¿Orden, o caos?, ¿contingentismo, o determinismo?, ¿azar o finalismo? 
Las concepciones tradicionalmente dominantes han sido finalistas o teleologistas: todo ocurre conforme a una finalidad, propósito o plan; el aparente (y, por tanto, indudable) orden de la naturaleza no podía proceder de un desorden originario. Aristóteles fue el padre de este enfoque: en esencia, las piedras tienden a buscar su lugar natural, y por eso caen, o los ojos surgen para ver. Por ello, las cosas son porque alguien ha querido que fueran así o porque algo en ellas las obligaba a desarrollarse de esa forma; en cualquier caso, son como son porque tenían que ser así.
Pero ya el viejo Demócrito afirmó hace veinticinco siglos que "todo es fruto del azar y de la necesidad", lo que aunaba extrañamente dos conceptos en apariencia antagónicos. Las cosas están más o menos ordenadas, sí (las gatas tienen siempre gatitos, o la lluvia siempre ocurre cuando hay nubes), pero ese orden puede ser fruto de un desorden o azar inicial.
Monod hace un moderno planteamiento de esta posición a través del concepto teleonomía. Frente a la teleología, que implica un propósito o intención tras los procesos naturales, la teleonomía supone una apariencia de finalismo en los procesos biológicos que no responde a ningún propósito previo. La naturaleza crea un orden ciego (mirad las complejas figuras fractales en un brócoli, o en un natilus, como en las fotos). Las variaciones genéticas individuales -aunque explicables- son a grandes rasgos aleatorias o azarosas y contingentes (se dan, pero podrían no darse, o darse de otra forma). Pero, una vez producidas, la naturaleza es un juez estricto que decide de forma perfectamente predecible si triunfarán o no, conforme a estrictas leyes naturales. Las mutaciones introducen el azar; la selección natural da orden al proceso.
Encontrarás un acercamiento sencillo a estos términos en esta breve entrada,  más información en el apartado "Orden sin diseño" de este blog, y, si eres un máquina con mucho tiempo libre, en la web ¿Eres de los que piensan? There is also a simple approach to Monod's book here.

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