sábado, 31 de diciembre de 2011

Freakimachismo: un ejemplo inquietante

Ha llegado a mis oídos (y lamentablemente ha penetrado en mi cerebro) una interesantísima muestra de paleofrikismo casposo, un prodigio de aberraciones condensadas, una inenarrable oda cañí: la canción Maruchi, interpretada por El Niño de Baena. ¿Que quién es este tipo? Pues el de la afoto. Bien plantao y gallardo, ¿eh?, moderno y rompedor como él solo, con un tupé, eso sí, que me corroe de envidia, too un intelectuá.

El tema parece ser de 1963, pero bien pudiera ser de... tres siglos antes. La letra -que es el asunto relevante- nos sorprenderá y hasta irritará (¡espero!), pero quizás nos haga pensar que hace unos cuantos años expresaba un sentir muy común y corriente. Y me pregunto si aún hoy. (También me pregunto si os gustará. ¡Que el cielo haya sido piadoso con vuestros gustos y sensibilidades!)

Aviso: No escuchéis la canción sin la supervisión de un adulto, ni os la administréis más de una vez cada seis horas; debéis rebajarla con unos minutos de Queen y dos álbumes de Bebe. En breve os adjuntaré la relación de efectos secundarios y perjudiciales en un pdf de 282 páginas. Quedáis advertidos/as.
Ya podéis darle al play:


Tarea para el alumnado de Cambios Sociales de 3º: Haz una lista de todos los comentarios e ideas contenidos en la canción que muestren discriminación o diferencias de género. Ve comprándote un nuevo cuaderno bien gordote.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

1984: Instrucciones para el trabajo

1984 es una de las grandes obras literarias del siglo XX. Pero también es algo más. Es una fábula distópica, un relato de anticipación política, una historia de amor, un retrato de los modernos resortes de los que se vale el poder para imponerse, del gregarismo humano y también de la dignidad del individuo. Es una novela perturbadora e inolvidable.
Publicada en 1949, poco después de que el Telón de Acero cayera sobre media Europa, fue vista en su tiempo como una nítida crítica al estalinismo, hecha por un izquierdista que había padecido la creciente opresión que la disciplina soviética había ido imponiendo sobre su propio país y sobre los diversos partidos comunistas europeos. George Orwell veía a Stalin como el gobernate totalitario perfecto, con un control brutal sobre la vida y el pensamiento de sus súbditos. Las purgas de los años treinta estremecieron al mundo: quienes osaron criticar a Stalin eran condenados a muerte o a largas penas, pero lo más llamativo es que durante el proceso proclamaban abiertamente su culpabilidad y su arrepentimiento, y pedían perdón al amado Stalin.

En 1984 se nos describe una opresiva sociedad futura en la que el líder supremo, el Gran Hermano (un símbolo, o un nombre colectivo, más que un personaje real), vigila a t0dos y cada uno de los ciudadanos, que además padecen un adoctrinamiento asfixiante. Un personaje aparentemente tan mediocre como su apellido, Winston Smith, empieza poco a poco a plantearse la irrealidad y la abyección del mundo en el que vive, y tendrá que tomar importantes decisiones morales.

El título de la novela se hizo especialmente popular. Evocó durante tres décadas las incertidumbres del futuro. Hoy, más de sesenta años después de su publicación, el título dice poco a las nuevas generaciones. Aunque siempre se perdería algo, creo que las ediciones recientes deberían llamarse 2053 ó 2064, para mantener la fidelidad al espíritu de la obra. No hay que temer que no haya ahora un Stalin contra el que dirigirse: la sociedad contemporánea está incrementando sin rubor el control sobre sus cada vez más adocenados ciudadanos, y lo puede hacer hoy, además, de maneras que Orwell nunca pudo imaginar. Es ésto lo que hace de 1984 un relato sorprendentemente actual y necesario.
 

Aquí os dejo en pdf las instruccciones para el trabajo sobre la novela. Encontraréis los requisitos precisos sobre fechas de entrega, extensión y cuestiones a tratar. No perdáis el tiempo buscando un sitio de donde copiar partes: no os serviría, y se notaría mucho. En su lugar, disfrutad con la novela, sumergíos en esa extraña Oceanía cuya capital es Londres, comprended bien por qué se hacen las guerras y cómo toda sociedad cohesionada necesita enemigos; dejaros inquietar por la opresión de la atmósfera y la suerte de los personajes. Luego, tras un necesario reposo, contadme qué os ha parecido.

Informadme de cualquier problema para ver (visualizar, dicen algunos snobs) la página

martes, 13 de diciembre de 2011

Ética y libertad según Savater

El conocido filósofo y escritor Fernando Savater nos explica en esta recientísima entrevista radiofónica, con la portentosa claridad que le caracteriza, qué es la ética y en qué consiste la libertad. Resulta de extraordinaria utilidad para comprender bien los contenidos que estamos tratando en las clases de Ética.

Me doy cuenta de que escuchar un audio de media hora no coincide exactamente con vuestra idea de tener una experiencia emocionante, pero os aseguro que merece la pena. También podéis ir a esta página de Radio Nacional en la que está y descargárosla en un dispositivo portátil para escucharla mientras sacáis a pasear al perro, hacéis vuestra cama o ayudáis a papá a hacer la comida. Je.



domingo, 4 de diciembre de 2011

Cuestionario: Ética - Apartados 1.4 y 1.5

El cuestionario ha expirado. Los cuatro que lo habéis contestado el día catorce, y los cuarenta y tantos que no lo habéis ni mirado, sois unos, sois unos... ¡procrastinadores!

jueves, 24 de noviembre de 2011

Cuestionario: Las diferencias de género

Aquí tienes un sencillo cuestionario para completar tras haber leído con atención el texto del Apartado 1.2.1., en la página 8. Complétalo, si eres alumna o alumno de la asignatura de Cambios Sociales de 3º.
Pincha en "más información" para verlo y rellenarlo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Azar o necesidad? ¡Teleonomía!

La obra de Monod (ver entrada anterior) ahonda en una de las principales -no la única- implicaciones filosóficas del darwinismo: ¿estamos aquí por azar, o nuestra existencia responde a un propósito? La cuestión es antigua, y ha recibido varios nombres y matices: ¿Orden, o caos?, ¿contingentismo, o determinismo?, ¿azar o finalismo? 
Las concepciones tradicionalmente dominantes han sido finalistas o teleologistas: todo ocurre conforme a una finalidad, propósito o plan; el aparente (y, por tanto, indudable) orden de la naturaleza no podía proceder de un desorden originario. Aristóteles fue el padre de este enfoque: en esencia, las piedras tienden a buscar su lugar natural, y por eso caen, o los ojos surgen para ver. Por ello, las cosas son porque alguien ha querido que fueran así o porque algo en ellas las obligaba a desarrollarse de esa forma; en cualquier caso, son como son porque tenían que ser así.
Pero ya el viejo Demócrito afirmó hace veinticinco siglos que "todo es fruto del azar y de la necesidad", lo que aunaba extrañamente dos conceptos en apariencia antagónicos. Las cosas están más o menos ordenadas, sí (las gatas tienen siempre gatitos, o la lluvia siempre ocurre cuando hay nubes), pero ese orden puede ser fruto de un desorden o azar inicial.
Monod hace un moderno planteamiento de esta posición a través del concepto teleonomía. Frente a la teleología, que implica un propósito o intención tras los procesos naturales, la teleonomía supone una apariencia de finalismo en los procesos biológicos que no responde a ningún propósito previo. La naturaleza crea un orden ciego (mirad las complejas figuras fractales en un brócoli, o en un natilus, como en las fotos). Las variaciones genéticas individuales -aunque explicables- son a grandes rasgos aleatorias o azarosas y contingentes (se dan, pero podrían no darse, o darse de otra forma). Pero, una vez producidas, la naturaleza es un juez estricto que decide de forma perfectamente predecible si triunfarán o no, conforme a estrictas leyes naturales. Las mutaciones introducen el azar; la selección natural da orden al proceso.
Encontrarás un acercamiento sencillo a estos términos en esta breve entrada,  más información en el apartado "Orden sin diseño" de este blog, y, si eres un máquina con mucho tiempo libre, en la web ¿Eres de los que piensan? There is also a simple approach to Monod's book here.

El azar y la necesidad

El azar y la necesidad (Le hasard et la nécessité) es el título de una clásica obra de biología molecular publicada por el eminente biólogo francés Jacques Monod en 1970. Pero es más que eso: el autor compone una elegante y admirable visión del posible sentido -o, mejor, de su ausencia- de la evolución biológica de los seres vivos. De este modo, desborda los ¿estrechos? límites de la ciencia estricta para entrar en los más anchos territorios de la filosofía natural
Su éxito mundial se debió al escándalo que suscitó no sólo entre científicos, sino también entre filósofos, pensadores y -fenómeno aún más insospechado- políticos. Quizá la clave resida en las propias palabras de Monod: 
«Resulta hoy día imprudente, por parte de un hombre, el empleo de la palabra filosofía. (…) Tengo una sola excusa que considero, sin embargo, legítima : el deber que la actualidad impone a los hombres de ciencia de pensar su disciplina en el conjunto de la cultura moderna para enriquecerla así, no sólo con importantes conocimientos técnicos, sino también con ideas arraigadas en su ciencia particular que puedan considerarse humanamente significativas. La misma ingenuidad de una mirada virgen (y la de la ciencia lo es siempre) pueden alumbrar con una luz nueva viejos problemas…(…) Asumo por entero la plena responsabilidad de los desarrollos de orden ético, y hasta tal vez político, que no he querido evitar por peligrosos que fuesen, o ingenuos, o demasiado ambiciosos que pudiesen parecer: la modestia conviene al sabio, pero no a las ideas que lo habitan y que debe defender».
El nivel del texto es elevado, y no es una lectura para todos. Nota para el alumnado curioso y valiente: tenemos a vuestra disposición un ejemplar de esta joya en el Departamento de Filosofía.

martes, 8 de noviembre de 2011

Robots: ¿pasionales y libres?

Una cuestión tratada en clase (4º) o que vamos a tocar (1º) es qué sea lo que más nos caracterize como humanos. Cuando se nos compara con animales, se insiste en nuestra racionalidad; cuando se nos compara con máquinas, se insiste en nuestros sentimientos.
¿Cabe imaginar una máquina, un robot, con emociones e incluso intensas pasiones? La ciencia-ficción lo ha imaginado en diversas ocasiones, buscando los límites en los que se difumina la diferencia entre el humano y la máquina. 
Encontramos un buen ejemplo de esto en el fime Inteligencia artificial, cuyo comienzo  podéis ver aquí (y oír en su versión original). También se plantea una cuestión inquietante y de relevancia moral: ¿cuál sería nuestra responsabilidad para con un robot que sintiera verdaderas emociones?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Técnicas de estudio, o de cómo si me esfuerzo lo consigo

En el blog del Departamento de Orientación he encontrado estas dos simpáticas y valiosas webs interactivas llenas de consejos para aprovechar mejor vuestras enormes, y a menudo insospechadas, capacidades. No olvidéis, en todo caso, que querer es poder; o sea, que más os vale querer, si aspiráis a poder. En fin.