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domingo, 20 de mayo de 2012

Plagio, caca

Os presento a Bond, Jacinto Bond. Tiene un mensaje para vosotros en relación con vuestros trabajos.

sábado, 12 de mayo de 2012

Por qué hacemos lo que hacemos

En nuestro último tema para 1º de Bachillerato hablamos de Acción y libertad
Una de las primeras cuestiones que en él se plantean es por qué hacemos lo que hacemos (asunto, por cierto, muy cercano a mucho de lo tratado en nuestras clases de Ética en 4º de ESO). 
Las respuestas que provienen de la psicología engloban esta cuestión bajo el epígrafe Motivación. Sobre lo que nos motiva a actuar o nos mantiene motivados es muy conocida la clásica teoría de Abraham Maslow. Esta presentación ofrece un buen acercamiento a esta teoría:


Esta otra presentación da una amplia pero fácil visión de las fuerzas que nos motivan, y esta otra, más orientada hacia la motivación laboral, ofrece una explicación alternativa de la teoría de Maslow y de algunas otras.

sábado, 5 de mayo de 2012

Los tres mundos de Popper, por lo menos

¿Cuántos mundos hay? O bien, ¿toda la realidad posee los mismos caracteres o cabe establecer diferencias entre distintos tipos o niveles de realidad? Claro, claro, la realidad es una y seguramente pienses que todo lo que hay existe de la misma forma, pero quizás puedas ser un poco más sutil y puede que percibas importantes diferencias entre unas realidades y otras.
El conocido filósofo austríaco Karl R. Popper (el simpático vejete de la derecha, como hábilmente habréis supuesto), en su obra Conocimiento objetivo, estableció una célebre distinción entre tres mundos:
"El mundo consta al menos de tres sub-mundos antagónicamente distintos: el primero, es el mundo físico o de los estados físicos; el segundo, es el mundo mental o de los estados mentales; el tercero, es el de los inteligibles o de las ideas en sentido objetivo, el mundo de los objetos de pensamiento posibles: el mundo de las teorías en sí mismas y sus relaciones lógicas, de los argumentos y de las situaciones problemáticas tomados en sí mismos".
Lo interesante de este planteamiento es que, por un lado, intenta superar el tradicional dualismo mente-materia o sujeto-objeto, que venía marcando la tradición occidental, y, por otro, que tiene en cuenta las múltiples relaciones e interdependencias que pueden darse entre los tres mundos: la relación más obvia entre ellas sería de emergencia, en tanto que grosso modo el mundo 2 emerge a partir del mundo 1, así como el mundo 3 emerge del 2.

Aunque... ¿por qué conformarse con tres? ¡Seamos un poco imaginativos! ¿Y si fueran cinco, o siete, o veintiséis los mundos existentes? Si hilamos fino quizás apreciemos diferencias más sutiles de las que habíamos sospechado. 

Tarea: redactar un sencillo planteamiento sobre los diversos tipos posibles de realidades, indicando brevemente qué caracterizaría a cada una de ellas.


miércoles, 18 de abril de 2012

Lenguaje y pensamiento

Aquí os dejo un simpático vídeo que ilustra (ya veréis que esto es un decir) la importante cuestión de la relación entre el pensamiento y el lenguaje. En él se mencionan algunos puntos tocados -o por tocar- en nuestras clases.

Problemilla: no creo que entendáis ni papa. Je, ejem... Está en inglés norteamericano y para seguir a la chica hay que ser capaz de contar de oído los aleteos de un colibrí o haber nacido en Wapakoneta, Ohio (que será un lugar muy corriente, pero que siempre me fascinó por ser donde nació Neil Armstrong, y así le homenajeo y de paso me acuerdo de Jamie Sohngen, nuestra Dorothy particular, cuya añorada casita familiar queda cerca). Pero me gusta. ¡A ver si pilláis algo!






NOVEDAD: Gracias a Dorothy, digo a Jamie, la esforzada, brillante y adorable Jamie, tenemos una traduccción de lo dicho en el vídeo. Al leerla veréis que tiene mucho que ver con lo tratado en las clases (más en unas que en otras). Pinchad en "más información". 

lunes, 9 de abril de 2012

Las falacias y su peligroso poder de persuasión

Mencionamos en nuestras clases de Filosofía que las falacias están presentes en cualquier ámbito de la comunicación humana y adquieren mucha importancia en variadas situaciones de nuestra vida cotidiana. Las cometemos o las usan para persuadirnos, nos hacen creer lo que no es o nos hacen descreer en lo que es. ¡Si es que somos unos cándidos! Es fácilón (una falacia más, seguramente ad populum) pensar que las falacias son propias del ámbito político. En el ámbito comercial o publicitario son más patentes aún, y más constantes, y de él resulta mucho más difícil evadirse. Pero es que, además, en  nuestras conversaciones ordinarias soltamos o nos son soltadas falacias con una naturalidad pasmosa. 
En fin, no todo está perdido: la filosofía (je), y en particular una de sus ramas, la lógica, sirve entre otras cosas para entrenarnos en la detección -y, por tanto, anulación- de las insidiosas falacias que nos rodean.
Para orientaros en el proceloso mundo de las falacias, y para ayudaros en la redaccción de vuestros propios ejemplos, os ofrezco varios enlaces. En este primero encontraréis un amplio diccionario de falacias, con varios ejemplos de cada tipo.
Un sencillo acercamiento a varios tipos de falacias, con una necesaria advertencia acerca del peligro que suponen, lo encontraréis en esta página de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. Esta misma sociedad promueve charlas como la que podéis ver en el siguiente vídeo (muy interesante, pese a su longitud y a su aire casero):
Con un enfoque más práctico y no menos combativo está el proyecto destruyendofalacias.
Desde una perspectiva más exclusivamente lógica, pero con fáciles ejemplos y con ejercicios interactivos, os interesará este enlace.
Por último, y ya casi saliéndonos del asunto, este enlace está destinado a desmontar unas cuantas de las muchas tonterías que se suelen decir sin fundamento y dar por ciertas. Confesad: ¿a que vosotr@s creéis -o creíais- en algunas de ellas? Zi ej ke...

miércoles, 28 de marzo de 2012

Solución al caso Semmelweis

Aquí os dejo, estimadas alumnas y alumnos de 1º de Bachillerato, la respuesta a cómo había que hacer el ejercicio propuesto sobre el texto "Un caso histórico a título de ejemplo". Tanto si se ha corregido en clase como si no, veo conveniente que lo miréis en casa con detenimiento para entender bien las revueltas y vericuetos que caracterizan una típica investigación en ciencia empírica.

Solución  al caso Semmelweis.

lunes, 12 de marzo de 2012

COSMOS: Un modelo (o dos) de cómo se hace ciencia

Os ofrezco un regalo. Sí, sí, ya sé que quizás no se aprecie o valore lo suficiente, pero lo es.
En 1980 se produjo una de las series documentales más aclamadas de todos los tiempos, COSMOS, hecha por el brillante astrofísico y entrañable divulgador (¡uy, otro ejemplo de "tercera cultura" desde el campo de la ciencia!) CARL SAGAN. La serie está formada por trece capítulos que no tienen desperdicio, y aquellos de vosotros con un ápice de curiosidad haríais bien en buscarla.
Pues bien, en el capítulo tercero, titulado La armonía de los mundos, Sagan nos ofrece una recreación de la vida y obra de Johannes Kepler (siglos XVI y XVII), que supone todo un modelo de pasión por el conocimiento y de paciente búsqueda de la verdad. Además, se aprecian bien las conexiones entre ciencia y sociedad, y cómo aquélla está marcada por el momento histórico, conflictos religiosos o disputas políticas. De propina, Sagan hace un fácil y certero diagnóstico de una de las pseudociencias (o sea, supercherías) más populares, la astrología, mostrando sus nulos fundamentos. (Sagan, junto con otros divulgadores como Martin Gardner o Isaac Asimov, fue uno de los promotores del legendario Skeptical Inquirer, revista americana de divulgación del pensamiento crítico).

Aunque la voz del doblador habitual de Sagan es antológica, para nuestro abundante alumnado bilingüe [:)] seguramente sea preferible la versión original (subtitulada), que encontraréis en este enlace.

Un ejemplo de tercera cultura

En mi incansable esfuerzo por ofrecer materiales y recursos complementarios al amplio discipulado que me honra -a veces- con su atención, se me ocurre enlazaros una interesante entrevista que acabo de oír a un conocido científico e historiador de la ciencia. Ya os comenté que la tercera cultura ha venido finalmente de manos de científicos, que se han decidido a divulgar su actividad y los principios y hallazgos de la actividad científica. Los literatos siguen a lo suyo, despreciando, principalmente por envidia e ignorancia, las imprescindibles aportaciones de la ciencia. 
En este caso escuchamos a José Manuel Sánchez Ron, que nos habla de la situación de la ciencia, de la necesidad de darla a conocer o de su interrelación con la sociedad, y todo ello envuelto en una inagotable pasión por el conocimiento. Os advierto que es fácil y accesible. 
Ea, a disfrutarlo mientras hacéis la colada o plancháis las camisas.

domingo, 4 de marzo de 2012

La tercera cultura

Vamos a hablar estos días en clase de Las dos culturas. Bueno, voy a hablar. Se trata de un concepto célebre (en los ámbitos académicos) propuesto por C. P. Snow en el ya lejano 1959. Él lamentaba que hubiera dos culturas totalmente separadas y que se ignoran mutuamente: por un lado están los científicos, que sienten que hacen algo importante y novedoso, y por otra los literatos y humanistas, que desconocen por completo la ciencia y la desprecian. Snow consideraba que este divorcio era uno de los grandes males de nuestro tiempo. Años después propuso el concepto de Tercera cultura, que supondría el ideal intercambio de contactos y conocimiento mutuo entre esos dos ámbitos. Esta idea ha resultado muy fructífera y sirve de guía a muchos investigadores y divulgadores tanto de unos campos como de otros.
El programa de RTVE Redes dedicó hace unos años un programa a esta cuestión, llamado "Darwin y la tercera cultura". Os dejo el ENLACE a la página sobre el mismo, que no incluye el vídeo pero sí los contenidos principales, con las entrevistas a destacados científicos que presentan y opinan sobre el tema. Si tenemos tiempo, veremos en clase el programa o parte de él.
Snow era físico pero también novelista. Un conocido pasaje de su texto sobre las dos culturas es éste:
"Un buen número de veces he estado presente en reuniones de personas que, por las normas de la cultura tradicional, se creen muy educadas y que con mucho gusto han expresado su sorpresa por el analfabetismo de los científicos. Una o dos veces me han provocado, hasta que he pedido a los interlocutores cuántos de ellos podrían describir la Segunda Ley de la Termodinámica, la ley de entropía. La respuesta fue fría y negativa. Sin embargo, yo estaba pidiendo algo que para los científicos sería equivalente a preguntar: «¿Has leído una obra de Shakespeare?».

Ahora creo que si yo hubiera hecho una pregunta aún más simple, como "¿Qué entiende usted por masa, o aceleración?", que es el equivalente científico de decir «¿Puedes leer?», no más de uno de cada diez habrían sentido que yo estaba hablando el mismo idioma. Por lo tanto, mientras el gran edificio de la física moderna crece, la mayoría de la gente inteligente en Occidente tiene el mismo conocimiento científico que habría tenido su antepasado del neolítico.
"

jueves, 9 de febrero de 2012

Ilusiones perceptivas, o el mundo sólo tal como nos parece.

Estamos viendo en nuestras clases de 1º de Bachillerato unas cosillas sobre el conocimiento sensible, tradicionalmente hipervalorado por el vulgo y más bien menospreciado por la tradición filosófica (salvo por G. E. Moore, que era un tío muy simpático y además amigo de Russell).
En este contexto, es frecuente traer a colación ciertos fenómenos curiosos asociados con la percepción, de entre los que destacan las ilusiones perceptivas.
Lo interesante de las ilusiones perceptivas, de entre las que las ilusiones ópticas constituyen sólo un grupo, si bien el más conocido y numeroso, es que nos muestran que, a veces y por distintas razones:
  1. No hacemos muy bien fiándonos de nuestros sentidos.
  2. Cuando creemos que nos estamos "fiando de nuestros sentidos" estamos en realidad, al menos en ocasiones, negándolos o desmintiéndolos.
  3. Percibir no es, sin más, tener sensaciones. A veces supone, de hecho, ir contra las sensaciones (¡ay la Gestalt qué razón tenía!).
  4. No percibimos las cosas tal y como son. O, mejor: tal y como son sin ser percibidas.
  5. En general, no sabemos cómo son las cosas sin ser percibidas. ¡Si es que son!
Para que paséis un buen rato os dejo dos presentaciones con un montón de conocidas ilusiones ópticas (algunas se repiten). La 1ª contiene cierta información adicional y resulta más didáctica; la 2ª está en inglés, lo que sin duda no será un problema para vosotros a estas alturas de vuestro desarrollo académico (y si lo es, preguntad a Jamie, que seguro estará encantada en aclararos la clave de algunas ilusiones).
optical illusions
View more PowerPoint from isc
Por último, aquí tenéis un enlace a un sencillo vídeo que presenta las principales leyes de la Escuela de la Forma y aquí otro a una excelente y completísima página de ilusiones ópticas. Veréis que hay miles de ellas.

jueves, 26 de enero de 2012

La inmortalidad: un acercamiento diferente

Como había comentado en una de nuestras últimas clases, os presento una película relativamente reciente -y ya de culto- que ofrece un planteamiento original y sorprendente de lo que supone ser inmortal: The Man from Earth (El hombre de la Tierra). Aunque tiene muchos trucos en los giros de su trama, y nos plantea una posibilidad demasiado excepcional, advierto que no es un filme con efectitos ni dioses olímpicos ni supermegahiperhéroes ni rayos azules que volatilizan edificios. Ni siquiera salen helicópteros, que para mí son la frontera divisoria entre los dos tipos básicos de películas: las comerciales y de acción y las de reflexión. Casi toda la acción se desarrolla en una habitación en la que los personajes conversan. Y resulta sumamente entretenida.


Recordad que cabían muchas concepciones acerca de la inmortalidad: que si colectiva o si individual, que si bendición o si castigo... Aquí estamos ante el caso de un individuo aislado que se enfrenta con serios pesares a su singularísima condición. No es la óptica que más me interesa, ni se explora lo que sería de la humanidad si no tuviera que enfrentar la certeza de la muerte, pero la película merece la pena. Os dejo un tráiler, recomendándoos que busquéis una copia para echar un rato interesante.




domingo, 8 de enero de 2012

La muerte (2): Tragedia... hasta cierto punto.

Nada hay más cierto que la muerte. Ni más inevitable. Ni más terrible. Para todos: para los que la presienten y para los que la presencian. La consciencia de la propia muerte se va formando en el niño con una mezcla de incredulidad y desasosiego. A los cuatro o cinco años, el tierno zagal pregunta con insistencia, a quien se le ponga a tiro, si se va a morir. Quizás nunca nos reponemos del trauma
Sabernos mortales produce con frecuencia un sentimiento de futilidad hacia cualquiera de nuestras acciones -en especial si requieren un largo esfuerzo-, y de inutilidad de nuestra vida entera. Esto es al menos lo que le pasa al joven protagonista de la recientísima película norteamericana El arte de pasar de todo (The Art of Getting by), como cuenta en unas impagables frases al comienzo de la cinta ("¿Qué sentido tiene nada, si me voy a morir", etc.). Intentad buscarla; como no he podido encontrar esos momentos, sólo os puedo ofrecer un fragmento de diálogo algo posterior; está en inglés, lo que podrá ser aprovechado por nuestro amplio alumnado bilingüe. Je.



En un tono muy distinto, el grupo cómico británico Monty Python hizo en 1984 una película ampulosamente llamada El sentido de la vida (The Meaning of Life). En uno de los sketches -llamado Muerte- se presenta a ésta como una presencia tan inesperada como inexorable. Su iconografía es la más clásica: esqueleto con guadaña. Muy simpática secuencia.



Y en la ya mencionada y desternillante película de Woody Allen La última noche de Boris Grushenko (más certeramente llamada en su versión original Love & Death), el protagonista está permanentemente angustiado por la muerte. Toda la cinta es una alarde de homenajes a filósofos clásicos y a Dostoievski. Al final, consigue superar su temor y parte hacia el más allá mientras baila con la muerte -aquí vestida de blanco- en el famoso plano final que tenéis aquí:

viernes, 6 de enero de 2012

La muerte (1). ¿Y si las máquinas muriesen?

En opinión de algunos, nada nos define más como especie que nuestra consciencia de la muerte. Sólo siendo muy generosos, y algo superficiales, podríamos conceder que algún animal no humano sabe que va a morir. Ya os conté que, en realidad, los lemmings no se suicidan. Ahora os añado que es un mito que los elefantes moribundos se encaminen hacia cementerios de proboscídeos. 
Seguramente el tipo o la tipa que por primera vez sospechó, con aterradora probabilidad, que iba a morir, y que quizás se rebeló ante tan atroz pensamiento, fuera el primer humano. Luego vinieron las diversas tradiciones culturales de enterramientos, incineraciones, despedidas y creencias en travesías hacia unos u otros masallás.

Siguiendo mi costumbre, se me ocurre ofreceros, querido discipulado, un par de muestras más que interesantes de cómo el cine ha presentado la muerte y algunos de los sentimientos y reflexiones que suscita. 
Empezamos enlazando con la cuestión, vista hace poco, de la posible humanidad de las máquinas. Si alguna vez máquinas, robots o sistemas cibernéticos fueran semejantes a los humanos..., ¿cómo afrontarían su propia muerte? 

Ejemplo 1: En la ya conocida Blade Runner, el replicante Nexus-6 llamado Roy, cuya vida está limitada por razones de seguridad a seis años, lamenta su próximo final: ha visto cosas increíbles que nadie ya conocerá jamás ("Naves ardiendo más allá de Orión", etc.): "Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia". Apreciad el tono trágico y poético de esta conocidísima secuencia, y no os perdáis la reflexión final -muy apropiada para nuestros propósitos- del protagonista humano que interpreta Harrison Ford. (Atención: secuencia en castellano.)


Ejemplo 2: Vamos ahora con una de las muertes más famosas de la historia del cine: el momento de 2001: Una odisea del espacio en que el astronauta Dave Bowman desconecta el sofisticado -y al parecer autoconsciente- computador HAL 9000, que controla las funciones de la nave en la que viajan hacia Júpiter y a cuya tripulación ha matado debido a un extraño mal funcionamiento. Hal ruega por su vida y desvaría. (En este enlace encontraréis la versión en castellano, que no admite su inserción aquí.)




martes, 3 de enero de 2012

"Filosofía es esto: examinar y afianzar los criterios." (EPICTETO)

A menudo, y en particular en nuestras clases de Filosofía y de Ética, no importa tanto qué pensemos sino por qué lo pensamos. Una de las grandes tareas que siempre han ocupado a los filósofos, y en especial a los filósofos morales, es establecer los criterios que nos permitirán llegar a nuestras opiniones o conclusiones. No vale sostener algo porque sí. Hay que tener motivos para sostenerlo. Y deben ser lo más sólidos y fundamentados posible. De otro modo, pensaremos muchas tonterías y caeremos en continuas incongruencias. (Recordad que las personas son siempre respetables; las opiniones no: las hay absurdas, ridículas, perjudiciales y terribles.) 
En el test que a muchos de vosotros os presenté recientemente en clase, el Chequeo filosófico (tomado del libro de Julian Baggini ¿Pienso, luego existo?), se trataba de opinar sobre una serie de cuestiones y de ver a continuación si éstas eran incoherentes o incompatibles entre sí. Os recuerdo que no se trataba de determinar si vuestras opiniones eran las correctas, sino de mostraros que, si pensáis tal cosa, es incoherente que penséis tal otra. A modo de ejemplo: Si sostenéis que "matar está siempre mal", no podéis también creer que "la Segunda Guerra Mundial fue una guerra justa", porque afirmarías que estuvo bien matar a los partidarios del régimen nazi alemán, lo que es contradictorio con la primera opinión. Pero el test no dice, repito, si esos dos enunciados son correctos o falsos; ésa sería otra cuestión.
Estas cuestiones son complicadas. Por dos motivos: A) Es fácil tener una opinión. A veces, incluso demasiado fácil. Recuerdo ahora aquello de que las opiniones somo como las narices (¿o era otra cosa?): cada uno tiene la suya. Lo difícil es ir encontrando, por nosostros mismos, las buenas razones que nos permitan sostenerla. Con frecuencia no se consigue.
Y B) No hay cuestiones más difíciles que las morales. No hay forma sencilla de resolverlas, la humanidad lleva milenios dándoles vueltas y muchas de ellas aún suscitan vivas discrepancias. Suelen presentarse en forma de dilemas: me veo en la necesidad de elegir entre esto o lo otro. Es entonces cuando ansiamos una tabla a la que agarrarnos, un criterio que nos oriente.
Una muestra de dilema moral, parecido al clásico de matar a Hitler, es el de matar a Napoleón cuando está invadiendo Rusia, según nos cuenta esta desternillante secuencia de la divertida película La última noche de Boris Gruschenko, de Woody Allen. El protagonista dice muchas tonterías, pero jugando con nombres, ideas y problemas de la mayor importancia.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

1984: Instrucciones para el trabajo

1984 es una de las grandes obras literarias del siglo XX. Pero también es algo más. Es una fábula distópica, un relato de anticipación política, una historia de amor, un retrato de los modernos resortes de los que se vale el poder para imponerse, del gregarismo humano y también de la dignidad del individuo. Es una novela perturbadora e inolvidable.
Publicada en 1949, poco después de que el Telón de Acero cayera sobre media Europa, fue vista en su tiempo como una nítida crítica al estalinismo, hecha por un izquierdista que había padecido la creciente opresión que la disciplina soviética había ido imponiendo sobre su propio país y sobre los diversos partidos comunistas europeos. George Orwell veía a Stalin como el gobernate totalitario perfecto, con un control brutal sobre la vida y el pensamiento de sus súbditos. Las purgas de los años treinta estremecieron al mundo: quienes osaron criticar a Stalin eran condenados a muerte o a largas penas, pero lo más llamativo es que durante el proceso proclamaban abiertamente su culpabilidad y su arrepentimiento, y pedían perdón al amado Stalin.

En 1984 se nos describe una opresiva sociedad futura en la que el líder supremo, el Gran Hermano (un símbolo, o un nombre colectivo, más que un personaje real), vigila a t0dos y cada uno de los ciudadanos, que además padecen un adoctrinamiento asfixiante. Un personaje aparentemente tan mediocre como su apellido, Winston Smith, empieza poco a poco a plantearse la irrealidad y la abyección del mundo en el que vive, y tendrá que tomar importantes decisiones morales.

El título de la novela se hizo especialmente popular. Evocó durante tres décadas las incertidumbres del futuro. Hoy, más de sesenta años después de su publicación, el título dice poco a las nuevas generaciones. Aunque siempre se perdería algo, creo que las ediciones recientes deberían llamarse 2053 ó 2064, para mantener la fidelidad al espíritu de la obra. No hay que temer que no haya ahora un Stalin contra el que dirigirse: la sociedad contemporánea está incrementando sin rubor el control sobre sus cada vez más adocenados ciudadanos, y lo puede hacer hoy, además, de maneras que Orwell nunca pudo imaginar. Es ésto lo que hace de 1984 un relato sorprendentemente actual y necesario.
 

Aquí os dejo en pdf las instruccciones para el trabajo sobre la novela. Encontraréis los requisitos precisos sobre fechas de entrega, extensión y cuestiones a tratar. No perdáis el tiempo buscando un sitio de donde copiar partes: no os serviría, y se notaría mucho. En su lugar, disfrutad con la novela, sumergíos en esa extraña Oceanía cuya capital es Londres, comprended bien por qué se hacen las guerras y cómo toda sociedad cohesionada necesita enemigos; dejaros inquietar por la opresión de la atmósfera y la suerte de los personajes. Luego, tras un necesario reposo, contadme qué os ha parecido.

Informadme de cualquier problema para ver (visualizar, dicen algunos snobs) la página

domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Azar o necesidad? ¡Teleonomía!

La obra de Monod (ver entrada anterior) ahonda en una de las principales -no la única- implicaciones filosóficas del darwinismo: ¿estamos aquí por azar, o nuestra existencia responde a un propósito? La cuestión es antigua, y ha recibido varios nombres y matices: ¿Orden, o caos?, ¿contingentismo, o determinismo?, ¿azar o finalismo? 
Las concepciones tradicionalmente dominantes han sido finalistas o teleologistas: todo ocurre conforme a una finalidad, propósito o plan; el aparente (y, por tanto, indudable) orden de la naturaleza no podía proceder de un desorden originario. Aristóteles fue el padre de este enfoque: en esencia, las piedras tienden a buscar su lugar natural, y por eso caen, o los ojos surgen para ver. Por ello, las cosas son porque alguien ha querido que fueran así o porque algo en ellas las obligaba a desarrollarse de esa forma; en cualquier caso, son como son porque tenían que ser así.
Pero ya el viejo Demócrito afirmó hace veinticinco siglos que "todo es fruto del azar y de la necesidad", lo que aunaba extrañamente dos conceptos en apariencia antagónicos. Las cosas están más o menos ordenadas, sí (las gatas tienen siempre gatitos, o la lluvia siempre ocurre cuando hay nubes), pero ese orden puede ser fruto de un desorden o azar inicial.
Monod hace un moderno planteamiento de esta posición a través del concepto teleonomía. Frente a la teleología, que implica un propósito o intención tras los procesos naturales, la teleonomía supone una apariencia de finalismo en los procesos biológicos que no responde a ningún propósito previo. La naturaleza crea un orden ciego (mirad las complejas figuras fractales en un brócoli, o en un natilus, como en las fotos). Las variaciones genéticas individuales -aunque explicables- son a grandes rasgos aleatorias o azarosas y contingentes (se dan, pero podrían no darse, o darse de otra forma). Pero, una vez producidas, la naturaleza es un juez estricto que decide de forma perfectamente predecible si triunfarán o no, conforme a estrictas leyes naturales. Las mutaciones introducen el azar; la selección natural da orden al proceso.
Encontrarás un acercamiento sencillo a estos términos en esta breve entrada,  más información en el apartado "Orden sin diseño" de este blog, y, si eres un máquina con mucho tiempo libre, en la web ¿Eres de los que piensan? There is also a simple approach to Monod's book here.

El azar y la necesidad

El azar y la necesidad (Le hasard et la nécessité) es el título de una clásica obra de biología molecular publicada por el eminente biólogo francés Jacques Monod en 1970. Pero es más que eso: el autor compone una elegante y admirable visión del posible sentido -o, mejor, de su ausencia- de la evolución biológica de los seres vivos. De este modo, desborda los ¿estrechos? límites de la ciencia estricta para entrar en los más anchos territorios de la filosofía natural
Su éxito mundial se debió al escándalo que suscitó no sólo entre científicos, sino también entre filósofos, pensadores y -fenómeno aún más insospechado- políticos. Quizá la clave resida en las propias palabras de Monod: 
«Resulta hoy día imprudente, por parte de un hombre, el empleo de la palabra filosofía. (…) Tengo una sola excusa que considero, sin embargo, legítima : el deber que la actualidad impone a los hombres de ciencia de pensar su disciplina en el conjunto de la cultura moderna para enriquecerla así, no sólo con importantes conocimientos técnicos, sino también con ideas arraigadas en su ciencia particular que puedan considerarse humanamente significativas. La misma ingenuidad de una mirada virgen (y la de la ciencia lo es siempre) pueden alumbrar con una luz nueva viejos problemas…(…) Asumo por entero la plena responsabilidad de los desarrollos de orden ético, y hasta tal vez político, que no he querido evitar por peligrosos que fuesen, o ingenuos, o demasiado ambiciosos que pudiesen parecer: la modestia conviene al sabio, pero no a las ideas que lo habitan y que debe defender».
El nivel del texto es elevado, y no es una lectura para todos. Nota para el alumnado curioso y valiente: tenemos a vuestra disposición un ejemplar de esta joya en el Departamento de Filosofía.

martes, 8 de noviembre de 2011

Robots: ¿pasionales y libres?

Una cuestión tratada en clase (4º) o que vamos a tocar (1º) es qué sea lo que más nos caracterize como humanos. Cuando se nos compara con animales, se insiste en nuestra racionalidad; cuando se nos compara con máquinas, se insiste en nuestros sentimientos.
¿Cabe imaginar una máquina, un robot, con emociones e incluso intensas pasiones? La ciencia-ficción lo ha imaginado en diversas ocasiones, buscando los límites en los que se difumina la diferencia entre el humano y la máquina. 
Encontramos un buen ejemplo de esto en el fime Inteligencia artificial, cuyo comienzo  podéis ver aquí (y oír en su versión original). También se plantea una cuestión inquietante y de relevancia moral: ¿cuál sería nuestra responsabilidad para con un robot que sintiera verdaderas emociones?